lunes, 20 de octubre de 2008

La educación superior desigual

Artículo publicado en la Revista Raíz Cuadrada, la revista de la educación rural
http://www.revistaraizcuadrada.com/

Claudio Rama
El acceso a la educación superior nació y creció en las grandes urbes. Era consustancial a esta dinámica educativa la migración estudiantil hacia las grandes ciudades y la vida de los estudiantes del interior en las residencias estudiantiles. Sin embargo, eran muy pocos, apenas los que tenían recursos, lo que podrían ir a estudiar a la universidad bajo estos esquemas tradicionales. La gratuidad era formal, apenas solo para los que vivían cerca. Con paso de los años se comenzó a regionalizar la educación superior en toda América Latina a través de la apertura de sedes y subsedes de las Universidades públicas o de nuevas instituciones públicas y privadas. Sin embargo, cuando más se alejaban de las grandes urbes, la educación superior que llegaba a las regiones era de inferior calidad. Los docentes no reunían los mismos requisitos, las bibliotecas no estaban actualizadas o las infraestructuras eran inferiores. La democratización del acceso no fue la democratización de la igualdad. Se habían formado dos circuitos de educación. Uno de mayor calidad en las grandes ciudades, otro de menores estándares en las pequeñas ciudades. Los presupuestos de las Universidades públicas en toda América Latina muestran esa cruda realidad.
Las poblaciones rurales, dispersas en la América Latina, muchas veces marcadas por la pobreza y la presencia de culturas indígenas o de otros sectores excluidos quedaban marginados de la igualad de oportunidades que en principio caracteriza a la educación. Pero tampoco accedían a amplios sistemas de apoyos que permitieras la movilidad estudiantil. La educación a distancia algunas veces fue vista, y aún lo es, como el mecanismo para el acceso para estos sectores para superar sus condiciones a partir de dotarse de un capital humano ante la ausencia de un capital económico. Sin embargo, la falta de conectividad, de pedagogías modernas, los bajos presupuestos de las instituciones y los reducidos niveles de eficiencia gerencial de las instituciones en el interior, también reafirman, pero en una educación no presencial, esos bajos niveles y estándares que constituyen y reafirman los abismos que separan a nuestras ciudadanías.
Más aún la baja existencia de oportunidades de empleo en el interior profundo de los países y la poca pertinencia de muchos de los currículos de esos estudios a distancia, reafirman esos circuitos diferenciados de calidad que caracterizan también a la educación presencial en las ciudades frente a la educación en el campo.
Parecería que para educarse y acceder a una formación de calidad hay que emigrar, y estudiar temas y contenidos que no tienen ninguna empleabilidad local. O peor, que el ciclo se inclusión a través de la educación siempre será un ciclo asociado a la emigración y a la pérdida de la pertenencia social en los entornos de las regiones. En el contexto del nacimiento de una educación permanente que impone una actualización continua de las personas, siempre tenderán a reproducirse las formas de exclusión.
En gran desafió de la sociedad del conocimiento, no es únicamente que el acceso a una educación superior para todos, sino una educación superior igual para todos. O al menos, con los mínimos estándares. La calidad debe guiar a la educación. Sino, es probable que no sea educación, otra cosa que aún no tiene nombre

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