lunes, 27 de abril de 2009

Artículo: Los caminos del cambio universitario (V): Entre revolución pasada y reforma futura

Claudio Rama
Publicado en el Diario: "El Nacional" (Caracas, Venezuela)
21 de abril, 2009
Con vientos frescos y aportes significativos, Rigoberto Lanz y Javier Biardeau han continuado la reflexión sobre la relación entre reforma y revolución con sus artículos de respuesta a uno mío. Mientras que Lanz posiciona la “ancha base de consenso” a las reformas en las universidades, más allá del camino ideológico o epistemológico de cada protagonista y por ende focaliza en el presente, Biardeau avanza en otra dirección y concibe que el debate no es polar y contrapone a Rosa Luxemburgo con el principio de reforma para la revolución.
Comparto con el amigo Rigoberto que el debate universitario actual no debiera anclarse en discusiones en una historia terminada en la socialdemocracia, ni que es el piso para construir espacios de cambios posibles y convergencias necesarias. Pero haciendo un desliz al pasado, aunque comparto con Biardeau que el debate histórico no era bipolar, reforma en Bernstein vs. revolución en Lenin, como simplifiqué, y ante lo cual levanta a Rosa Luxemburgo que integró reforma para la revolución, resalto otro camino, el de la 2 ½ internacional, del socialismo austrohúngaro de Otto Bauer que propugnó el socialismo ético, de reforma para la reforma, anclado en que si no se respeta a mayorías y minorías se está fuera del camino de la socialdemocracia y se está ante otro discurso. Tan noble como cualquiera, pero otro.
Pero el eje son los tiempos presentes y hay consensos en la necesidad de reformas universitarias ni cosméticas ni gatopardistas en América Latina. La magnitud de las demandas de cambio sobre el mundo universitario son “monumentales”: producir conocimiento para salir de modelos periféricos sin valor agregado; construir niveles de calidad y competencias que doten a la sociedad de capital humano con las mayores externalidades sociales; construir pensamiento crítico para aportar innovación y democratización social; o construir redes sociales de aprendizaje sobre nuevas éticas solidarias estudiantiles, requiere cambiar muchos de los paradigmas y las prácticas universitarias. En estas agendas de reformas, puede haber verdaderos cambios revolucionarios. Pero las “vías” para construir estas utopías deben ser consensuales por las propias características de la universidad con su forma lenta y consejista de gestión, por su organización en aulas, fragmentada en áreas y subdisciplinas y basada en la libertad académica en eterna tensión con las demandas sociales y los gobiernos.
El camino ante el poder se debate entre Galileo que acepto que la tierra no se mueve y Giordano Bruno que terminó en la hoguera, ante poderes que impusieron lamentable el “letargo universitario” de dos siglos hasta que llegaron Napoleón y Humboldt con sus reformas. Hoy en la región estamos ante otro letargo de rezago universitario, pero sólo habrá reales reformas, si transitan por el andarivel de los consensos. Estos cambios pueden promoverse desde múltiples aspectos puntuales y estructurales pero si son tales deben habilitar espacios de libertad al interior del mundo universitario y propender a su reinserción en la sociedad. La serie de artículos que comencé– pasantías estudiantiles, recertificación profesional, evaluación externa y currículo por competencias – no refiere a pequeñas reformas de mercado, sino a posibles grandes cambios revolucionarios para liberar las fuerzas sociales del conocimiento universitario, democratizar el saber y promover sociedades del conocimiento frente a sociedades del trabajo físico. Pero estas reformas no actúan directamente sobre “el poder”, sino sobre aspectos académicos.
El cambio revolucionario, el que refiere al poder, fue la reforma de Córdoba de 1918 que introdujo la autonomía y el cogobierno, que impuso una lógica de poder en el gobierno universitario como instancia mediadora y expresión colectiva del mundo universitario al rechazar la simbiosis entre Gobierno y Universidad, al ser uno expresión del Estado y la Universidad expresión de la Nación. Los ejes de las actuales reformas no deberían ni pudieran cambiar ese esquema de estructuración del poder, ya que eso es lo que define a la universidad latinoamericana.

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