martes, 15 de abril de 2008

UNIVERSIDADES (2): Regulación - Desautonomización

Artículo Publicado en El Nacional (Venezuela)
14 de abril 2008


La enorme expansión de la matrícula de la educación superior en los últimos treinta años ha estado acompañada por creciente niveles de regulación sobre las instituciones a partir de la creación de una diversidad de ámbitos y organismos reguladores. Ello ha derivado de la cantidad de estudiantes, la diferenciación de las instituciones universitarias, el rol del conocimiento y de las dificultades de la autorregulación. De pequeñas universidades monopólicas se ha pasado a complejos sistemas universitarios con miles de instituciones con roles y cometidos distintos con tal diversidad que han impuesto la necesidad, y la búsqueda, de formas de regulación eficientes.

Antes eran instituciones monopólicas con autonomía en la cual los Consejos Universitarios normaban y regulaban los títulos, las formas de ingreso y egreso de estudiantes y docentes, o las características del proceso de enseñanza y aprendizaje. Ahora se conformó una dinámica sistémica y diferenciada que lleva a la aparición de nuevas regulaciones, y que plantear un debate sobre los espacios de la libertad y de la autonomía. Es una discusión técnica y política, en medio del lento pasaje desde regulaciones académicas internas a las instituciones hacia regulaciones externas.

En los noventa con la expansión de las instituciones privadas, el mercado fue el elemento regulador de la educación superior y fijaba las ofertas y las demandas académicas, el salario de los docentes y las características de las instituciones en un marco de competencia y de libre mercado de cada una. Tal funcionamiento dejo fuertes huellas de calidad, desarticulación institucional, derroche de recursos y niveles competitivos que plantearon crecientes demandas regulatorias sobre la base de construir niveles de calidad, de pertinencia y de equidad en el largo plazo. Nacieron así nuevas formas de regulación con un rol central de los gobiernos que impusieron normas que fueron reduciendo la libertad de las instituciones privadas y la autonomía de instituciones públicas.

Dos modalidades asumió el proceso regulatorio: la gubernamental ejecutiva que tendió a fijar los estándares mínimos de funcionamiento y autorización de apertura de programas y carreras, y la académica sistémica de calidad a través de agencias de evaluación que eran dirigidas por cuerpos colectivos representativos de la sociedad y de los actores académicos. Entre la autonomía y la libertad se comenzó a construir una nueva arquitectura regulatoria en el marco de tendencias de largo plazo. Nuevos problemas nacieron: la homogenización de las formas educativas reduce la capacidad de innovación de las instituciones creando sistemas poco flexibles y no reconociendo que es en libertad donde se promueven las innovaciones. La academia es difícilmente regulable como campo de experimentación y de investigación e históricamente ha mostrado fuerzas centrípetas a su funcionamiento. La autonomía no es un invento. Igualmente, las incertidumbres sobre los desarrollos del conocimiento y los mercados laborales torna imposible desde cualquier ámbito burocrático visualizar los caminos disciplinarios y epistemológicos. La igualación de los mecanismos evaluativos no reconoce las diferenciaciones pedagógicas. Por otra parte, la ausencia de regulaciones tiende a generar niveles de dispersión de los currículos, instituciones, de la calidad, de las pertinencias o modalidades de aprendizaje que terminar afectando los sistemas de educación superior y construyendo una autarquía universitaria que deteriora las certificaciones y los propios mercados laborales.
En el nuevo contexto de la globalización está apareciendo una nueva regulación, esta vez internacional, ya que no se puede normar la educación virtual o los postgrados solo desde un país, ni los sistemas pueden estructurar educaciones incompatibles e incomparables.
Parece tenderse a sistemas regulatorios (universitarios, gubernamentales, sistémicos e internacionales) con una compleja y tensa interacción, pero donde cada uno tiene un rol fundamental en la construcción de sistemas universitarios. Construir este equilibrio regulatorio es la agenda de la universidad del siglo XXI.
Claudio Rama

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