domingo, 19 de julio de 2015


Claudio Rama Vitale: “Hay un terremoto de cambios en las universidades”
   

una voz autorizada tiene una mirada amplia sobre educación en el continente
Una voz autorizada tiene una mirada amplia sobre educación en el continente
El tiempo pasa volando cuando nos sumergimos en el diálogo acerca de los desafíos de la educación superior a escala mundial. Claudio Rama es un experto y observa el fenómeno desde todos los ángulos.
_Es evidente que hay un cambio de paradigmas en la educación superior, ¿cómo describe este proceso?
Están cambiando muchas cosas en el terremoto universitario. En materia de paradigmas, que son las visiones del proceso de enseñanza-aprendizaje, hay dos grandes rupturas: la neurociencia y la economía de la educación.
Tenemos la visión interdisciplinaria, el pensamiento sistémico, la educación en red, el valor de lo digital y el conectivismo, cambios que nos muestran que las viejas concepciones están obsoletas; hay paradigmas emergentes que demandan aprender desde el escenario de la diversidad y comprender que la movilidad es parte del escenario. Se van transformando las percepciones y la práctica en la universidad.
_¿Cómo relaciona la neurociencia con el aprendizaje universitario?Hasta ahora no conocíamos la causa por la que se aprende. La educación se basó en los resultados sin comprender las causas. Hoy se ha descubierto cómo aprender idiomas ayuda contra el alzhéimer.
El siglo XXI será el siglo de la mente. Y muchos de los desarrollos teóricos en materia de investigación son los mismos paradigmas de la mente, que son las redes: investigación en redes, aprendizaje de redes. El aprendizaje es la conexión de campos diferenciados de problemas, la mente aprende cuando tiene que resolver un problema y eso va marcando una forma de aprendizaje y concepciones diferentes, que no tienen que ver con una teoría para interpretarse con una práctica.
Algunos de los desarrollos recientes en la neurociencia van transformando el sentido de la universidad y de esta en la sociedad. Hace unos pocos años, la Cepal hizo un estudio que concluía que para salir de la pobreza se necesitaba terminar el bachillerato.
Hoy se sabe que para salir de la pobreza se necesitan los estudios universitarios. El manejo de las complejidades tecnológicas, de las nuevas formas de producción, requiere estudios universitarios.
Dentro de poco, para manejar un vehículo de transporte público también se necesitará el manejo de GPS. La composición del conocimiento en el actual mundo de trabajo refiere que la fuerza bruta ya no es determinante, sino que para aumentar la productividad es con ideas e innovaciones. Hay que crear cosas que van a durar poco, pero que se basan en el conocimiento, en teorías, en estudios.
Están cambiando las visiones sobre cómo se aprende en una sociedad que ahora emplea el conocimiento de manera distinta: el mundo actual es la producción, la distribución, el intercambio y el uso de conocimientos y, además, todo eso de manera digital. Estamos en el modelo tecnológico y la universidad debe entrar al paradigma de lo virtual.
_Pero el paradigma digital, si bien es importante, no es la única transformación, ¿verdad?No, pero lo digital nos permite comprender los impactos que tiene. Por ejemplo, uno de los espacios donde ha avanzado la neurociencia es en medir la retención. Cuánto es lo que la gente puede retener.
Ya sabemos la retención de lo visual y de lo auditivo es más importante que la retención de la lectura, ya hemos visto que las personas aprenden unas por comparación, otras por experimentación, otras por el sonido, aprendemos de manera distinta.
Pero está claro que los sistemas que incorporan los componentes digitales permiten la interacción. No es igual un modelo de casos que la simulación de casos; no es lo mismo leer un texto lineal que leer un hipertexto, lo digital nos muestra que las capacidades de aprendizaje y de retención son mayores.
El mundo ha mejorado por las tecnologías y las tecnologías no habían entrado a la universidad. Hoy no debe haber un espacio universitario que no tenga atrás la posibilidad de un espacio virtual: una plataforma donde queden registradas las notas, los trabajos que los alumnos entreguen, donde se pueda verificar el plagio. Eso va armando modelos de evaluación que cada vez son más complejos.
En cualquier profesión lo que hacemos es diagnóstico y respuesta: un médico, un ingeniero, etc. Hoy se necesita manejo de datos en cualquier profesión y eso es a través de la digitalización.
_Uno se va dando cuenta de que el conocimiento no es eterno. Lo que aprendí hace cinco años ya está obsoleto ahora. ¿Qué implica eso para la universidad y para el profesional?
En este momento se está incorporando el licenciamiento en la recertificación de competencias, que es un gran desafío, porque el conocimiento no dura para toda la vida; más allá de los deterioros de la edad, aparecen nuevas ideas y teorías.
El mundo ya exige que se diferencie el título académico del examen ante un colegio profesional, que implique una habilitación y, después, a los cinco años, hay que recertificar.
Hay un mundo de innovación de conocimientos que demanda recertificación y ese es un rol de los colegios profesionales. El título académico no puede durar toda la vida. Si una persona no ejerce, no se prepara es imposible que pueda ejercer una profesión de cualquier materia, sin riesgo de error.
Es un mundo nuevo que va marcando la actualización. El conocimiento básico está en la graduación universitaria y cada vez son más las profesiones que requieren de especialización.
_¿Cuán importante es la certificación de las universidades para que los profesionales que gradúan puedan ser competitivos a escala nacional e internacional?Eso es una necesidad absoluta. Los países necesitan tener un sistema de licenciamiento para los programas y las instituciones de educación superior, de manera que sean aprobados en función de ciertos requisitos. Los países deben tener un sistema de evaluación y acreditación que incentive la calidad, que la premie.
Los profesionales necesitan tener un sistema de licencia para demostrar que tienen las condiciones para el ejercicio profesional ante sus colegios profesionales.
Se acabó el mundo que no evalúa. La modernidad es medir. A partir de que se mide, se hacen políticas, se mejora y todos tenemos un escenario en el que la vida de la sociedad requiere saber dónde estamos para saber a dónde queremos ir. Se precisa el cumplimiento de un mínimo de requisitos y, al mismo tiempo, un sistema de incentivos para tener lo mejor.
Estamos pasando de un sistema donde lo que importa es estudiar, a un sistema donde lo que importa es tener las competencias. No es ir a la silla y sentarse sino tener las mejores capacidades. Pero si se estudia en un sistema con paradigmas que ya no tienen vigencia, hay que cerrar esa universidad.
No se puede admitir una mala educación durante cinco años, porque eso implica perder la vida. El problema es que muchas veces se ha hecho politiquería que es que supuestamente estudias, pero en realidad no adquieres la capacidad para entrar en un mundo competitivo.
Con valiosas excepciones, en Bolivia hay dos extremos, una universidad estatal que se ampara en la autonomía y no es la fuente de conocimiento que se podría esperar y algunas universidades privadas que ven el negocio, pero que no generan profesionales competitivos.
Tenemos un modelo dual que es negativo: la evaluación es diferente para las universidades públicas y para las privadas. Hoy necesitamos un modelo sistémico: no puede haber profesionales que en una universidad se gradúan de una manera y en otra de otra manera.
Debe haber evaluación externa para que las autoridades académicas no sean juez y parte, de manera que participen otras instituciones con instrumentos probados para hacer ese trabajo. En América Latina funcionó un modelo que permitió que tengamos muchos profesionales, pero ahora hay que pasar de la enorme cobertura a la calidad. Se necesita un sistema que aumente la calidad, que incentive lo meritocrático.
También hay que controlar el fin del lucro. La persecución del lucro puede ir de la mano de la calidad, pero es probable que buscar únicamente ese fin, prostituya el objetivo principal. Todos deben tener los mismos estándares de medición de la calidad.
_¿El estado debe medir la calidad?La participación en la regulación debe ser de todos los actores. El Estado no es el único garante de la política pública, la sociedad, los colegios profesionales, los ámbitos regionales.
En Brasil la medición se hace desde Brasilia, pero eso es un error porque no es lo mismo el estado de San Pablo que el estado de Pará, se necesita la visión de lo regional. La evaluación debe ser sistémica y deben participar muchos actores, porque cuando solo mide un actor, puede caerse en la arbitrariedad y el desconocimiento.
_¿Eso pasa por la voluntad de las mismas universidades?Pasa por todos. En Bolivia, la información estadística es mala. Qué certeza puede tener un padre que manda a su hijo a la universidad si no tiene los resultados a su alcance. Se necesita información y el Estado debe contribuir, ya que la educación tiene fines de interés público, sean privadas o estatales.
En ese sentido, hoy no se puede tener maestros sin título universitario y sin maestría. La educación superior no es lo que era. El mundo ahora es distinto y demanda complejidad tecnológica en todas las profesiones, ya que todas las estructuras productivas de un país, demandan profesionales con posgrado. Si no es así, el país tendrá que importar las tecnologías.
No obstante, se puede observar que hay brechas entre la educación que se imparte en los diferentes países.
En muchos países, la prioridad la tienen puesta en la educación primaria y muchas veces ni siquiera está en la educación. Hoy la observación del Estado no puede estar solo en la cobertura, porque cobertura sin calidad es inequidad. La educación no debe ser escenario del manejo de la política y hay que aumentar la profesionalización de los docentes, de los académicos.
Eso implica establecer prioridades. El presupuesto público aún es bajo, faltan políticas y falta la apertura. América Latina sigue careciendo de un sistema regional de educación, por eso se necesita una apertura a la diversidad.
Un solo modelo, un solo tipo de estudiante o de institución es malo y la gran reforma pasa por reconocer que hay diversidad de entidades de formación académica: escuelas politécnicas, tecnológicas, multiculturales, a distancia, etc. El rol de los gobiernos es impulsar la diversidad.
_¿Qué es diversidad: movilidad de los estudiantes o adopción de prácticas exitosas de otros países en el nuestro?En un mundo global hay que ver el mundo, no para copiar, sino para ver. No somos lo que somos sino viendo el mundo. Ahora más que nunca, la innovación se produce en todas partes, la diversidad se da en todo sentido: visiones, modelos, etc. y eso implica una reforma.
El escenario actual requiere contribuir a las libertades de las personas: a que no haya currículums cerrados, a tomar créditos en otros países, a cambiar de universidades, es decir a un sistema que reconozca las diversidades en todo sentido, pero que también haga exámenes de licenciamiento y que se evalúen los programas. La peor esclavitud es la ausencia de información para tomar decisiones. Por eso, el sector público debe contribuir a informar.
_¿Cómo combinar la ampliación de la cobertura con la calidad?La universidad es selectiva por el esfuerzo. Las capacidades se construyen con el esfuerzo, la voluntad y el trabajo.
_¿Qué opina de la educación virtual?Es imprescindible. Hay que incorporar las tecnologías. Es la base, un enorme camino al futuro. Se necesita que la formación de profesionales en aulas virtuales tenga la misma calidad que la formación presencial. Es una educación más basada en el autoaprendizaje.
_¿Cómo ve la educación superior en 10 años?Hay una enorme tensión entre el desafío de modernizarse y la resistencia. Los factores impulsores son la tecnología, la demanda de los mercados y el mundo global, y son mayores cada vez. La universidad latinoamericana está en plena reforma.
Ustedes (Bolivia) necesitan una reforma, no hay un sistema de evaluación-acreditación, la política pública solo ha estado en las universidades multiculturales. Hay que abrirse a lo que está pasando. Cuando pasen las vacas gordas, lo único que quedará es el conocimiento
Fuente: www.eldeber.com.bo
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