miércoles, 24 de enero de 2007

Comentario: "Claudio Rama, la reforma silenciosa" por Manuel Burga *

Publicado en el diario La Repúblic, Lima, Perú, 28 de julio del 2006

En la Universidad Central de Venezuela, en junio de 2002, cuando veinte rectores se reunieron para fundar la Red de Macrouniversidades de América Latina y el Caribe, conocí a Claudio Rama, lo escuché por primera vez y comenzamos a compartir las primeras preocupaciones sobre el futuro de la universidad latinoamericana. Ahora, cuatro años después, cuando hace unos días ha dejado la dirección general del Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) de UNESCO, hay una buena oportunidad para recordarlo. IESALC es un organismo semejante al observatorio de la Universidad de Boloña y al Centro de Estudios sobre la Universidad (CESU) de la UNAM de México, lugares privilegiados para observar la marcha de la educación superior en nuestra región y en el mundo. Esta ubicación le ha permitido a Claudio, antes de partir, con el apoyo de numerosos especialistas, concluir un enorme estudio sobre la educación superior en la región latinoamericana.
Él hizo la introducción a este gran estudio que se ha publicado como un libro independiente con el título de La Tercera Reforma de la Educación Superior en América Latina, por lo tanto no debe quedarnos dudas sobre la calidad, información y actualidad de este estudio, que ahora –que se habla de la inminencia de una nueva ley universitaria en nuestro país– ningún interesado en la materia debería dejar de leer. No puedo abordar todos los temas que analiza el autor, pero sí quedarme con uno de ellos, el polémico concepto de reforma universitaria. Distingue tres grandes reformas en el siglo XX: la de Córdoba (1918), la de los años 60 y 70 y la que actualmente estamos viviendo.
La primera la resume a sus elementos esenciales: autonomía, co-gobierno, libertad de cátedra, investigación de lo propio para descubrir la nación y la universidad como instrumento de equidad y movilidad social. Esta reforma, impulsada desde las universidades públicas, las que no tenían casi competencia, en su opinión, está agotada. La segunda Reforma Universitaria, sostiene, aparece acompañando a la mercantilización de los servicios educativos, el éxito de la universidad privada, el cambio de la ética educativa y el deterioro de las universidades públicas. Este esquema binario, pública/privada, domina y distingue a esta segunda reforma que se sustenta en el principio fundamental de la "libertad de enseñanza"; libertad para establecer universidades al margen de la esfera de influencia directa del Estado.
Pero el tema central del libro es su propuesta de que vivimos una tercera reforma universitaria, sin mucha estridencia, más por la fuerza del mercado y de la dinámica social que por las movilizaciones estudiantiles, los discursos profesorales o la intervención legisladora de los políticos. El número actual de universidades privadas supera al de las públicas, igualmente la matrícula en las primeras es mayor que en las segundas, así como la educación virtual y la transnacionalización de las instituciones universitarias (filiales de redes internacionales) casi escapan al control de los Estados. Esta reforma –si así puede llamarse– que ha producido un deterioro de la universidad en general y casi ha sumido en una crisis profunda a la pública, ha obligado a la presencia reguladora del Estado a través de la creación de instituciones de aseguramiento de la calidad y la acreditación. Casi todos los países en América Latina se han apresurado a crear estas instituciones para que sus sistemas nacionales conserven su calidad, pertinencia, equidad y sus tradiciones esenciales.
En el caso nuestro, donde existe el Decreto Legislativo 882 de 1996, que fomenta la creación de universidades con fines de lucro, esta reforma puede convertir a la universidad –contrariamente a los sueños de Córdoba– en un instrumento de la inequidad social ya que parece consolidarse el esquema de universidades públicas mediocres y universidades privadas o transnacionales, de calidad. Entonces, ¿por qué no tomar en serio el tema de la nueva ley universitaria? ¿Por qué no hacer un gran esfuerzo –como en otros países– para ofrecer las mismas oportunidades de estudio, formación y desarrollo a todos nuestros jóvenes que lo merecen, sin distinción de clase, raza o cultura? Pero mientras seguimos debatiendo, lo sabe bien el amigo Claudio Rama, la reforma silenciosa no espera en el Perú, ya que muchas privadas se están pasando al D.L. 882 para ser más eficientes, de más calidad y consumar así su propia, original y quizá hasta perversa tercera reforma universitaria.
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* El autor es historiador y académico, y ex-Rector de la Universidad Mayor de San Marcos