jueves, 26 de julio de 2007

Otorgamiento del Doctorado Honoris Causa por parte de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos - junio 2007


“El mapa de ruta universitaria en la tarea de la construcción de sociedades del conocimiento en América Latina”
Palabras del Dr. Claudio Rama
con motivo del otorgamiento del Doctorado Honoris Causa por la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
el 16 de junio del 2007, Lima, Perú
Ante todo, agradezco a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, a su distinguido señor Rector, el Dr. Luís Fernando Izquierdo Vásquez el haber considerado, analizado y aceptado la propuesta del Director de la Oficina de Calidad Académica y Acreditación, el amigo Dr. Julio Ramírez Villavicenio y de su equipo de trabajo, de honrarme con el Doctorado Honoris Causa de esta magna casa de estudios.
El honor que me conceden no es poco. La Universidad Nacional Mayor de San Marcos ha sido una de las luminarias latinoamericanas durante cinco siglos y representa muchas cosas en el imaginario colectivo de esta región. Expresa la propia historia latinoamericana: rica, compleja, contradictoria, desigual pero además solidaria, democrática, autónoma, luchadora.
No es poco tampoco ya que no hay mayor reconocimiento en este mundo académico que el de los pares, el de los iguales. Siempre más objetivo inclusive que el de los poderes o el de los ciudadanos, en tanto conoce y reconoce el enorme esfuerzo que supone la actividad académica, y ese 98% de trabajo real aislado que implica la investigación y la búsqueda desinteresada del saber en nuestra América donde el saber no es una mercancía.
Este honor de ser reconocido por la UNMSM tiene además para mi una dimensión especial adicional por cuando mi padre también fue distinguido con un Honoris Causa por esta Universidad década de América, en 1983, en el mismo año que fue expulsado de Estados Unidos por Reagan, en el mismo año en que lamentablemente también murió en un accidente aéreo en España junto con el intelectual peruano Manuel Scorza también salido de esta casa de San Marcos y con el cual tenían una larga amistad. Recuerdo hoy haberle ayudado a mi padre durante largos días en cotejar los textos microfilmados de Arguedas para una edición de una antología de inéditos que mi padre estaba realizando de este gran maestro del indoamericanismo. Así, muchas experiencias me han unido a esta nación.

Pero más que un reconocimiento a mi humilde persona, lo asumo como un reconocimiento a un trabajo y a un enorme esfuerzo personal durante cinco años en la UNESCO al frente del IESALC, y que me levó a trabajar para toda la región y que también me trajo a Perú varias veces a apoyar y promover diversas acciones nacionales en la educación superior, entre otras cosas financiando en el país 12 estudios sobre la educación superior (financiamiento, acceso de personas con discapacidad, acceso de indígenas, genero, formación docente, internacionalización, virtualización, reformas, regionalización, no universitarias, legislación, acreditación), varios seminarios (legislación, indígenas, no universitarias, acceso), varios libros y múltiples participaciones de los académicos a cargo de los estudios en regiones regionales. Y además realizar lobbies, presiones, sugerencias, ruegos y todas las formas posibles para apoyar el desarrollo de la educación superior nacional, apoyando en la construcción de consensos, en la existencia de espacios de negociaciones personales, en apoyo a las instituciones y a muchas personas que la dinámica humana muchas veces margina y castiga. Con amplitud de sectores, con diversidad de instituciones, todos con académicos e instituciones que no conocía previamente, que expresaban la enorme riqueza y la diversidad de enfoques y sectores que hacen a esta bella sociedad peruana. Creo que es fue mi muestra de lo que debe ser la ética de las organizaciones internacionales y no la dinámica de un grupo de amigos que ayuda a sus propios amigos y promueve sus propias ideas e intereses. En estos años de visitas y trabajo en el Perú mucho he aprendido y recibido. Afectos y saberes, experiencias y apoyos. Esta distinción la siento entonces como un gran afecto señor Rector y me ofrezco a venir en la ocasión que lo considere a instalarme tres meses o más como profesor visitante en esta casa de estudios a dar todo mi esfuerzo y todos los conocimientos que en vida halla podido recibir, aprender y generar.

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Quiero aprovechar en esta ocasión para referirme a los temas de la educación que tanto atraen nuestras reflexiones y animarme humildemente a proponer en este distinguido recinto de historias y experiencias, la necesidad de concebir y construir un mapa de ruta para nuestras Universidades latinoamericanas con la finalidad que puedan contribuir más activa y fuertemente para que nuestros países puedan superar la actual situación de ser sociedades de información, muchas veces impuestas, y puedan alcanzar a trasformarse en sociedades del conocimiento.

Una nueva realidad mundial está gestando una nueva división internacional del trabajo. Es una nueva injusticia mundial que parece irse construyendo entre sociedades informadas, entre sociedades que consumen información en unas partes del planeta, y sociedades que generan conocimiento en otros lados del globo. Este peligro nos pone también ante el enorme desafío, la exigencia de los tiempos, de buscar aprovechar esta ventana de oportunidades que se ha abierto en la rápida transición y recomposición social que se está produciendo a escala global con el pasaje desde las sociedades industriales capitalistas a las actuales sociedades postcapitalistas de los saberes. Sociedad en red, infocapitalismo, tercera ola, sociedad tecnotrónica, del conocimiento, de la información, etc., son algunos de los más de 75 nombres que están describiendo el nacimiento de una nueva sociedad que utiliza intensivamente los conocimientos para promover la acumulación productiva y la valorización de la cosas, y que a escala internacional se expande por la intensividad en el uso de conocimiento, en medio de una dinámica de grandes inversiones económicas que está produciendo una violente renovación y también una fuerte obsolescencia de conocimiento, y que además ha generado nuevos mecanismos de generación y de transmisión de conocimientos. Es este una nueva realidad que está comenzando a reconfigurar a todas las universidades y a las instituciones de enseñanza a escala mundial, y que requiere cada vez más poner equipos académicos y políticos a discutir y analizar las implicancias de la sociedad del conocimiento.

Responder a este desafío no es solo una tarea de las Universidades, sino que requiere nuevas alianzas sociales entre gobiernos y universidades, entre sociedad y academia, entre la producción y el conocimiento, entre el trabajo y el saber, así como entre la docencia y la investigación, entre la comunidad académica y sus autoridades universitarias, entre todos los diversos sectores que dan vida a la sociedad y a la base de las universidades.

Las Universidades pueden y deben ser en cada país el instrumento para superar las actuales sociedades de información y contribuir a edificar futuras sociedades del conocimiento. Ello impone pensar en la trilogía de la nueva etapa del desarrollo de la humanidad como expresión de los cambios tecnológicos, como generadora de las nuevas formas de generación, apropiación y renovación de conocimientos, y del nacimiento de nuevas modalidades institucionales, organizativas y estratégicas por parte de las universidades como expresión de las anteriores realidades.

Hay una nueva realidad educativa. Se ha verificado que los aprendizajes se dan en las personas como ha remarcado la teoría constructivista, que la creación de los nuevos saberes es el resultado de una acción derivada de ámbitos transdisciplinarios, que el saber nace de la comparación y las analogías a partir de realidades distintas, que la investigación es una derivada de los sistemas de innovación al interior de las organizaciones universitarias, que el trabajo académico debe conformarse en redes colaborativas de aprendizaje, que las instituciones deben incentivar los procesos de virtualización y el uso de las tecnologías de la comunicación, y fundamentalmente que es en la expansión de los postgrados de calidad con nuevos estándares, pertinencias, calidades, alumnos y campos disciplinarios y basados en un fuerte acento en la calidad a través de la evaluación y la acreditación externos, donde se puede afirmar que están los pilares de la ruta hacia el conocimiento. Hay muchos más temas a discutir y reflexionar para conformar un mapa de ruta para nuestras universidades en nuestra América. Entre ellos destaca la necesidad de construir un currículo internacional que se asiente en los estudios comparativos, en la flexibilidad y libertad de los recorridos pedagógicos, en el multilinguismo, en la necesaria especialización de la enseñanza y la investigación por parte de cada institución ante las miles de opciones disciplinarias que se nacen y se expanden galácticamente todos los días y que ya no podemos alcanzar. La universidad que hace todo en un futuro no hará nada. Nunca se ha vuelto tanta verdad para nosotros los docentes la máxima griega de que solo sabemos que no sabemos nada. Y sin duda que en este “mapa de ruta” habrá que subrayar en rojo que hay que afincarse en el necesario incremento de la cobertura de educación y específicamente de la educación superior. Por ser un tema de equidad y también por que no hay calidad sin equidad. Solo la cantidad genera calidad.

Es un arduo trabajo que plantea superar los exclusivos escenarios de universidades docentes y construir dinámicas de enseñanza-aprendizaje que promuevan la creación de saberes y la investigación, de superar la lógica napoleónica de universidades de profesionales para avanzar también a promover la construcción de universidades creadoras de conocimientos, científicos y humanísticos, más allá de que hoy esas fronteras se han muerto como las que separaban antes la practica de la teoría, la nación del mundo, de ir transformando el eje desde universidades de pregrado hacia instituciones fuertemente afincadas en el postgrado, en la educación permanente. De universidades separadas a unidades articuladas, de universidades sin evaluación a universidades multi acreditadas, de universidades nacionales a universidades internacionales, de universidades solitarias a universidades en redes.

Ya no es sólo el desafío de pensar globalmente para actuar localmente, sino más aún de la necesidad de integrar el fraccionamiento que los problemas y las disciplinas no tienen. De tener un pie en el mundo académico internacional para con el otro pie reafirmar las raíces de lo nacional, de promover estudiantes internacionales para poder financiar mejor a los nacionales, de integrar los postgrados en circuitos internacionales de calidad para transferir esas competencias generadas en los pregrados nacionales. De superar los reducidos espacios disciplinarios para pensar las realidades en términos de su realidad transdisciplinaria, de pasar de mecanismos de mera transferencia de saberes que tienden a ser obsoletos a dinámicas de aprendizaje multidisciplinarias orientadas al análisis de los problemas. Estudiar el problema del agua, del hambre o del fenómeno del niño son procesos multidisciplinarios, que terminarán construyendo disciplinas transdisciplinarias.

Hay una reingeniería universitaria necesaria en este sueño de la utopía de un mundo del saber y de una educación igual para todos. Pero ello solo será posible construir en consenso, en un gran debate universitario, reconociendo nuestra especificidad de cogestión pero que se afinque en definir las grandes líneas estratégicas, y fundamentalmente en que toda renovación parte de que los actores fundamentales de la educación, los docentes y los estudiantes, son los motores en el camino de diseñar y recorrer el mapa y la ruta de la construcción de universidades del conocimiento.

En este mapa de ruta, miles de nuevas demandas sociales se arrojan diariamente sobre la Universidad, sobre sus estructurales lentos procesos de toma de decisiones, sobre su gran fraccionamiento disciplinario y de funcionamiento, sobre los muchos excesos de sus niveles de cogestión (y lo digo con el meaculpa de los años cuando como dirigente estudiantil y miembro de consejos y claustros, siempre estuve dispuesto a largos e infinitos debates sobre los temas más elementales y a apoyar muchas causas indefendibles).
Las realidades históricas de nuestras universidades se han complejizado enormemente en los últimos años con la masificación de la matrícula, la diversidad de alumnos, la diferenciación de las disciplinas, la regionalización de la instituciones, las demandas de calidad, la evaluación por terceros, la mercantilización impuesta, la articulación reclamada, los cambios en el empleo, la migración y el desempleo profesional. etc.. Ello sin duda requiere por ende construir la unidad y un proyecto compartido que promueva una reconfiguración universitaria asociada a la innovación como una de las grandes tareas de las instituciones. Y como hacerlo sin recursos nuevos.

América Latina no tiene la capacidad financiera de promover las grandes investigaciones del genoma humano, no tenemos las donaciones de los filántropos de las grandes corporaciones transnacionales, ni podemos tener las caras matrículas que tienen las Universidades privadas o públicas de otros mundos, ni muchos menos los contratos con las grandes empresas globales. Pero lo que tenemos es la nueva ansia de la gente de estudiar, la nueva estrategia de sobrevivencia de los hogares a través de la realización de estudios de postgrado, la necesidad de los docentes de una reactualización de sus competencias, de las nuevas exigencias de los mercados laborales reclamando más complejización de los saberes universitarios para poder expandir sus procesos productivos, y del creciente temor de las personas por la pérdida de sus fuentes de trabajo ante colegas más preparados. Es una demanda que clama ser satisfecha con calidad, con pertinencia, con significancia, con eficiencia.

Mi Mapa de Ruta traza un recorrido desde las universidades docentes hacia las universidades de investigación y ello significa la expansión de todas las diversas modalidades de postgrado pero con atención preferente a doctorados, tanto profesionales como académicos, a la inserción de los postgrados en programas de investigación, a la construcción de nuevas modalidades de aprendizajes no exclusivamente disciplinarias sino trans, inter y multidisciplinarias, a la construcción de currículos de postgrados altamente flexibles y que además se soporten y se apoyen en modalidades weberizadas con un aumento de la presencia del uso de TICs en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Ofrecerlos aquí, o en las regiones, a distancia o presenciales, en las empresas o en las aulas, con profesores propios o trayendo de otras regiones, para alumnos nacionales o extranjeros, intensivos o lentos, académicos o profesionales, a demanda o a oferta, solo para algunos grupos o abiertos a todos, gratuitos o pagantes. Todos a los barcos: nuestra Arca de Noe son los postgrados.

Pero no son los postgrados el fin, son simplemente el medio. El instrumento para promover una nueva configuración de la base universitaria para colocar junto a las estructuras tradicionales de facultades y escuelas, nuevos centros de investigación, unidades de educación permanente, unidades de aplicación y comercialización de las investigaciones, laboratorios para trabajos externos, departamentos de relación con los ex-alumnos, oficinas de prestación de servicios externos que atraigan estudiantes extranjeros o empresas que se den cuenta que necesitan actualizar a sus empleados, unidades de derechos de autor que terminen esta violación de los derechos y ayuden a transformar el financiamiento universitarios desde las matrículas y los presupuestos hacia los derechos intelectuales, etc. Hay que crear una nueva periferia universitaria que rodee el mundo del postgrado, con sus nuevos requisitos de acceso selectivos, con las nuevas compensaciones pecuniarias a los docentes, con mayores exigencias de calidad, con mayores modalidades de especialización disciplinaria y oportunidades interdisciplinarias, con modalidades de alta flexibilidad. Es el camino para promover el pasaje desde universidades autárquicas, solo docentes, mesocráticas, rígidas, monoculturales, monolingües hacia universidades flexibles, multiculturales, integradas, incentivadoras, diversificadas y experimentales y creativas.

La revolución industrial promovió la revolución universitaria que significó la universidad napoleónica y la Universidad de Berlín bajo el Modelo de Humbolt. La nueva sociedad del conocimiento está promoviendo también cambios. Y también son indetenibles. Las universidades innovadoras, las universidades en red, las megauniversidades virtuales, las universidades corporativas son algunas de esas expresiones. En algunos países es la empresa, el Estado o los escenarios regionales como el Acuerdo de Boloña la apoyatura y el motor de esos procesos en curso. Es el momento de discutir nuestras reales posibilidades, nuestra nueva Reforma del 18, nuestro momento de dejar de mirarnos a nosotros mismo y levantar la mirada prospectiva hacia la incertidumbre del devenir y trazar rutas hacia la utopía. Yo propongo reafirmarnos en los postgrados como la palanca del cambio, como el bastón para comenzar a recorrer el camino, como la palanca para mover el mundo de Aristóteles, como el punto donde alocar los recursos financieros en el necesario plan estratégico de la nueva reforma universitaria latinoamericanas del siglo XXI.

Mucho más tenemos que hacer. En la organización, en el currículo, en la gestión, en el financiamiento, en la eficiencia, en la relación con el entorno, en la infraestructura, en la superación de las pedagogías de tiza, lengua y pizarrón, en el pasaje de los libros a los hipertextos, en la flexibilidad y la libertad de las personas, en la incorporación de nuevas tecnologías. Pero también, debemos jerarquizar, priorizar, ordenar. Volver a poner a Kant al frente de las universidades. Poner a la razón en la ruta de las Universidades hacia la construcción de sociedades de conocimiento.

Muchas gracias amigos, muchas gracias por el honor que me han otorgado y por el nuevo desafío que me agregan en esta ruta de hacer de los valores y los principios el principio de mi vida, en el final de ella

Claudio Rama

Buenos Aires, 9 de junio del 2007