domingo, 23 de agosto de 2020

¿La pandemia como oportunidad? - Diario La República

 

¿La pandemia como oportunidad?

Eco. Claudio Rama (Dr. ED; Dr. DER.)

La pandemia es sin duda una crisis y con ello una desgracia para millones de personas que han perdido empleo, ingresos y muchos de ellos incluso la vida. Es una disrupción de una dimensión que será objeto de estudios y análisis por años, y también un largo tiempo se tardará en volver a tener los macroequilibrios del pasado, pero en una realidad distinta. La acepción de la definición de crisis para los chinos es igual a cambio, y por ende, oportunidad. Las crisis siempre han implicado un cambio, una disrupción en la sociedad, y especialmente en la economía, y marcan el punto de corte entre prácticas y dinámicas del pasado que ya no tienen viabilidad y el inicio o el aceleramiento de nuevos escenarios y caminos. La  pandemia, más allá de impactos momentáneos en todos los sectores de la vida social, tendrá coletazos más marcadamente en los sectores menos eficientes, en los sectores donde existen peores sistemas de gestión, derroches de recursos, poca pertinencia a las necesidades reales y una escasa articulación a sus clientes, consumidores o proveedores de servicios. Pero sobre todo también impactará en los sectores menos articulados a las nuevas dinámicas tecnológicas digitales de funcionamiento de los mercados ni a las reales demandas de la sociedad.

En estos días, se ha planteado correctamente que la crisis actual afectará más fuertemente a las empresas más ineficientes en la prestación de los servicios y productos, a aquellas con tecnologías más simples y con escaso valor agregado. En nuestras estos sociedades los sectores menos eficientes son aquellos más tradicionales, de más uso de mano de obra con menos capacitaciones y con menos incorporación de tecnologías al estar lejos de la frontera tecnológica en las prestaciones de sus bienes y servicios a los consumidores.

En educación pasa lo mismo que en los otros sectores, y están siendo afectadas más intensamente las dinámicas educativas con escasa intensidad en el uso de tecnologías de información y comunicación en la gestión, en el seguimiento de los alumnos, en las ofertas a distancia, en las características de los recursos de aprendizaje, en los sistemas de evaluación y en el uso de sistemas sincrónicos y asincrónicos en red. El impacto será mayor donde existe una educación burocratizada en exceso, con sobre carga de docentes, con aulas saturadas, bajos resultados de aprendizaje y reducidas tasas de titulación.

En el país, estas son incluso realidades que se han incrementado en estos años a pesar de los enormes aportes financieros, como resultado de una visión de la educación centrada en un paradigma presencial y un criterio por el cual la calidad se alcanza agregando más costos a la educación y no transformando los sistemas de enseñanza tradicional de tiza, lengua y pizarrón.  

En este sentido, en lo educativo, la crisis económica derivada de la pandemia y de la herencia dejada del periodo anterior, necesariamente debe  introducir –ya lo está haciendo muy rápido- un cambio en el modelo educativo hacia un formato digital y al tiempo establecer mayores niveles de eficiencia y racionalidad en el uso de recursos. En tal sentido se debe acelerar la reingeniería en curso hacia la aplicación de dinámicas de gestión informatizadas y mayor impulso a la educación virtual e híbrida, con recursos de aprendizaje digitales, con  apoyos tutoriales informatizados y tutorías digitales tanto sincrónicas como asincrónicas al utilizarse como recursos de aprendizaje tipo You tube o MOOCs, y buscando reducir el alto peso de personal. A escala mundial se está reduciendo el  alto peso del gasto administrativo y docente, a diferencia que en nuestra realidad universitaria.

Ello al tiempo debe favorecer un reposicionamiento en esa dirección en las políticas públicas, en los financiamientos, en la formación de docentes y en la gestión institucional. La pandemia por su derivación en crisis económica de los recursos públicos y privados, se nos presenta como la oportunidad de hacer los ajustes necesarios en el uso racional de los recursos buscando un nivel de prestación de servicios más eficientes. Más que oportunidad es imprescindible e incluso era algo que hace tiempo debía de haber sido encarado, y que hubiera sido  más fácil cuando había excesos de recursos, sino fuera por una cultura del derroche.

 El enorme crecimiento del gasto universitario en los últimos años, sin haber sido acompañado de cambios en la gobernanza, en las pedagogías y en las lógicas educativas, ha aumentado altamente los niveles de ineficiencia en las estructuras universitarias y educativas. Al no cambiar el modelo educativo e introducir dinámicas digitales e híbridas en la enseñanza, el uso de laboratorios en red en el aprendizaje y la automatización de los procesos en la gestión, ha llevado a que el incremento del gasto acontecido incrementara la ineficiencia.

Hace algunos años, una tesis doctoral del que fui tutor, realizada por Solange Roza Cruz y titulada “A Eficiência do Financiamento nas Instituições Federais de Ensino Superior Brasileiras nos Períodos 1995-2009”, realizó el estudio sobre el nivel de eficiencia de las universidades públicas en un periodo de austeridad (los gobiernos de Fernando Enrique Cardozo) y durante un periodo de holgura económica (los gobiernos de Lula), y develó los mayores niveles de eficiencia en los periodo de austeridad. La tesis analizaba que de 1995 a 2002, el gobierno brasileño centró su política en la búsqueda de una mayor eficiencia en el uso de los recursos por parte de las universidades federales, mientras que en el período 2003-2009, se priorizó la democratización del acceso a la educación superior, a través de políticas afirmativas, la oferta de becas en instituciones privadas (PROUNI) y la expansión de las universidades federales que creó altas ineficiencias. La investigación se centró en evaluar la eficiencia de las 52 universidades públicas federales, desde 1995 a 2009, analizando los resultados del  financiamiento de los dos gobiernos que impulsaron diferentes estrategias para satisfacer la demanda de educación universitaria, y los resultados revelan que la eficiencia se logró gradualmente en un contexto de restricción de recursos y  gracias a políticas orientadas a buscar mejores resultados con los mismos o menores recursos. A diferencia, durante el periodo de Lula, la holgura de recursos y la política, no sólo significó un descontrol de los gastos, sino que además dio menores niveles de eficiencia en la mayor parte de las variables educativas. La  relación entre insumos y resultados era el centro del análisis que verificaba más  eficiencia en un período de austeridad.

La misma situación acontece en Uruguay al analizar la relación entre ingresos económicos y resultados educativos (sin medir salarios), que muestra la creciente ineficiencia de las estructuras de gestión universitaria.  Es tiempo se relacionar claramente que los bajos resultados educativos y la escasa eficiencia de resultados,  no mejoran agregando más recursos, sino que es necesario cambiar las formas de organización, la gobernanza, la asignación de los recursos y las formas de enseñanza ajustándose a los tiempos actuales. Las instituciones educativas son también organizaciones, y solo encontrarán la calidad, la eficiencia en la prestación de sus servicios y mejores resultados introduciendo reingenierías en los sus procesos de funcionamiento. La pandemia lo está promoviendo y es la oportunidad del cambio con el cierre de la educación presencial. Pero, ello debe implicar una mayor automatización de los procesos de gestión, un plan estratégico en esta materia y sin duda un escenario presupuestal no centrado en más edificios y profesores de tiempo completo, sino en más estudiantes en todo el país, más  tutores de tiempo parcial, más automatización de los procesos administrativos y de gobernanza y más seguimiento estudiantil automatizado.  (claudiorama@gmail.com)

El poder efímero y el nuevo mundo digital - Semanario OPINAR

 

El poder efímero y el nuevo mundo digital

Eco. Claudio Rama (Dr. ED; Dr. DER)

Moisés Naím, un sólido economista y académico venezolano que llego a ser Ministro de Fomento y Director del Banco Central hace muchos años,  y que en las últimas décadas se dedicara al periodismo, publicó hace algunos años, un muy exhaustivo y largo estudio titulado “El fin del Poder”, y en el subtitula y analiza como el poder ya no es lo que era y estamos frente a una nueva realidad de los poderes.

Los análisis sobre el poder son uno de los centros de reflexión de la sociedad.  Desde las microfísicas del poder entre todas las relaciones humana que Michel Foucault analizara muy asociado a la asimetrías informacional o de acción, o como resultado de patologías humanas que mostrara la destructividad humana con Erich Fromm, o como mecanismo para obtener fines con el estudio del genio tenebroso de Fouché y su capacidad camaleónica de cambio de posición política por Stefan Zweig,  entre otros cientos, el poder, esa extraña telaraña que envuelve a las personas y las organizaciones, es el nuestras vidas, de las empresas, los gobiernos y sin duda de los sistema políticos.

El poder, y su búsqueda y preservación, es una de las claves de la seguridad de las personas y de las sociedades y de allí emanan los infinitos libros sobre la geopolítica y el poder. Pero esta telaraña estructurada para poder hacer e imponer, tiene sus propias reglas y procedimientos, como se lo escribiera Nicolás Maquiavelo al Príncipe orientado en este caso a que el fin justifica los medios, o de Sun Tzu en El arte de la guerra, que pone el acento en la estrategia institucional de como organizaciones, o incluso personas, pueden conquistar el poder. No hace pocos días en nuestra aldea oriental, esas reglas fueron puestas en la mesa, mostrando la incapacidad de poder manejar y convivir con las complejas reglas del poder y de las telarañas de interacciones y negociaciones, que derivó en quién alcanzara rápidamente algunos de esos espacios de poder institucionales y culturales, los abandonara esos espacios de redes interpersonales y sociales, por reconocimiento de la incapacidad de comprenderla y actuar en consecuencia.   

Naim, nos introduce en una nueva lectura fascinante sobre el poder en los actuales tiempos y nos muestra que el poder se está dispersando en cada vez más actores e incluso donde el poder “blando” de la cultura desplaza al poder “duro” de los ejércitos. Asumiendo que el poder está presente en todos los ámbitos de la sociedad donde existe rivalidad o incluso interacción entre personas y organizaciones, su análisis nos muestra la creciente democratización del poder, y dentro de ella en un traslado hacia los que tienen el conocimiento, siguiendo el criterio que escribiera hace algunos años con el estudio del cambio del poder, Alvin Toffler, para quien el poder en las organizaciones se estaba trasladando a las áreas de información. Pero Naím, nos muestra además que el poder es más fácil ahora de adquirir, más difícil de utilizar y muy fácil de perder.

 Asocia parte de estos cambios a la revolución digital, pero agrega además cambios en la economía global, la política, la demografía y los patrones migratorios. Es una confluencia de fenómenos sociales que llevan a la erosión rápida y continua de los poderes de personas, organizaciones, o países. El mundo global y una competencia incrementada, hace a cada poder más limitado y efímero, más inmerso en escenarios competitivos y de incertidumbre. El poder, como capacidad de imponer, se torna además difícil de ejecutar y cada vez menos personas u organizaciones tienen capacidad de imponer sus decisiones unilaterales y deben someterse a complejas negociaciones con pluralidad de actores.

Las barreras que protegen los poderes se han erosionado, y el alcance al poder está más cerca de todos. Ya no es sólo los 15 minutos de fama que podía decir Andy Warhol, sino que la  capacidad de vetar o imponer se hace más reducida en todos los ámbitos sociales y políticos. Los grandes actores existen sostiene, pero sus poderes relativos con cada vez más dependientes, ya que nadie tiene el poder suficiente para hacer que se sabe que hay que hacer. Además, el poder se fragmenta y dispersa, reduciendo la capacidad de imponer orden y facilitando incluso el caos.  Las redes de Internet, no tan potentes en el 2013 cuando se publicó la primera edición, ahora incluso pulverizan el poder académico o solo basado en la reputabilidad. Cualquiera es capaz de sostener cualquier argumento, sin ninguna base científica. Ya no hay amos del conocimiento, de las familias o de las sociedades. El planteamiento de Hobbes de que el deseo del poder es primario e implícito en todos los seres humanos, facilita la democratización del poder, a través de múltiples redes, tanto digitales como sociales, que finalmente facilitan la degradación de los viejos poderes concentrados. Que nadie tenga el poder para que todos los tengamos parece ser la máxima de las sociedades en redes.

El tema del conocimiento y las universidades es también objeto de su mirada al analizar el deterioro del poder, al visualizar como la existencia de pluralidad de proveedores educativos, de cursos abiertos por internet, de la pérdida del carácter de elite de la formación profesional y de pluralidad de modalidades, currículos y pertinencias universitarias, también impacta a los tradicionales olimpos del conocimiento que incluso lentamente empiezan a ver perder su capacidad de certificación. Sin duda, aún se mantienen las altas barreras que dar las certificaciones a múltiples mercados laborales y roles sociales, pero ya no están reservados a unos pocos, sino que hay una verdadera democratización de la educación superior.

La reducción de las barreras de entrada y de salida en todos los mercados en la sociedad digital, incluyendo los educativos, se constituye una de las bases de la erosión del poder y del deterioro de los monopolios o capacidades especiales de algunos actores en la sociedad a medida que se avanza en la sociedad digital, en la apertura, en la masificación de la educación y en la diversidad de paradigmas, y que es favorecido por el acceso masivo de internet y de los celulares inteligentes.

El poder sostiene Naím, se ha apoyado en la burocracia como actores claves en las intermediaciones y ello tiende a reducirse. La lógica digital, que impulsa la desintermediación en las organizaciones, contribuye lentamente a reducir el poder y trasladarlo –gracias a los algoritmos y las redes - hacia los ciudadanos que tienen más poder de escoger y están menos sujetos a las arbitrariedades o imposiciones de criterios. La burocracia, clave para ejercer el poder en las sociedades del pasado, y en sus tiempos instrumento de determinados actores de poder, se tornó en un fin en sí misma e implico un enorme peso sobre los recursos de las familias a través de los impuestos, hoy comienza a perder su función con las redes y la inteligencia artificial, facilitando a su vez la democratización de la sociedad y la demanda de mayor libertad de los ciudadanos al reducirse los costos de transacciones. Naím pone el acento en el declive del ideal burocrático weberiano que caracterizó un tiempo en la historia, y que está siendo confrontado por otras formas de organización social más basadas en la innovación disruptiva que en la formalidad tradicional y que con ellas logran responder más aceleradamente a las nuevas realidades y oportunidades y que a la vez democratizan las sociedades.     

El presupuesto educativo en discusión en medio de la crisis - publicado en La República

 

El presupuesto educativo en discusión en medio de la crisis

Eco. Claudio Rama (Dr. ED; Dr. DER)

La discusión del presupuesto de la nación y especialmente el de educación se empezará a discutir en el peor contexto de la historia económica de los últimos años. No sólo se inicia en un escenario de un déficit fiscal del país de 4,6% del PIB que implica por ende una diferencia a financiar de US$ 2.576 millones en el año móvil cerrado a abril, sino de un elevado nivel de pago de la deuda como resultado de varios años de déficit acumulados por estar gastando más que los ingresos e incrementos de presupuesto y que han llevado a la deuda externa bruta del país a alcanzar el 66,28% del PIB y la neta a 33.3% del PIB.

La deuda externa del 2004 que era de 14 mil millones, en el 2019, alcanzó a 42.705 millones de dólares. Sólo por intereses de la deuda se pagó en el año pasado 993 millones de dólares, casi la mitad de todo el presupuesto de la ANEP del 2019 que alcanzó a 2025 millones de dólares. O sea mucho más que el presupuesto del 2019 de la UDELAR (507) más el del  Ministerio de Educación y Cultura (120) y la UTEC (23) que entre los tres alcanzaron apenas a 650 millones de dólares frente al pago de 993 de intereses de la deuda, y que no incluye amortización del capital, o sea de la propia deuda.

La realidad ha sido de un país que ha gastado más que los ingresos de exportaciones y servicios, que ha aumentado la deuda y que a la vez ha aumentado el pago de intereses y que además ha estado aumentando sistemáticamente los impuestos para cubrir el gasto. Y que cuando los enormes ingresos derivados de los precios internacionales cayeron, siguió aumentando el gasto. 

El presupuesto educativo también estuvo marcado por un escenario con un elevado  nivel de gasto, y fue incluso superior a mucho del presupuesto de toda la sociedad. Entre el 2004 y el 2018 el gasto público en educación creció a una tasa promedio anual del 6,8% que significó un crecimiento acumulado en todo el período de 170%. En la primera fase del 2004 al 2010, el crecimiento anual en términos reales del gasto en educación fue del 9,2%, mientras que en la segunda fase hasta el 2018, el crecimiento aunque se redujo, fue anualmente en términos reales cercano al 3,6% todos los años.  Así, el presupuesto educativo tuvo una notoria fase de crecimiento respecto al PIB del 2004 al 2009, una de relativa estabilidad entre el 2010 y el 2015, y nuevamente una de crecimiento hasta el 2018.  En síntesis, el crecimiento del presupuesto público destinado a la educación creció en promedio en mayor proporción que el PIB en todos los años, salvo 2010 y 2015.  Así, pasó de representar el 3.2% del PIB en el 2004, al 5,8% en el 2019, y si lo medimos como porcentaje de gasto dentro de los gastos del gobierno central pasó de 14% en el 2004 al 17,6% en el 2018.

En términos constantes (de 2018) todo el gasto en educación pasó de 34,5 mil millones a 93,4 mil millones de pesos, lo que significa un crecimiento de 2,7 veces. Algunos subsectores crecieron menos y otros crecieron más. Así, por ejemplo el gasto en la educación policial y militar se redujo al pasar de 980 millones en el 2004 a 890 millones en el 2018 mostrando la menor prioriad en seguridad, y al tiempo el incremento del gasto del Pedeciba, Instituto Pasteur y ANII, pasó de 42 millones en el 2004 a 839 millones de pesos constantes en el 2018, o sea un incremento de 20 veces, y su índice en base 100 en el 2004 alcanzó a 1997 en el 2018.  Ciencia y Tecnología pasó de 316 millones en el 2004 a 1049 en el 2018, o sea un crecimiento de 3,32 veces, o sea también superior a la media de todo el gasto en educación. Ello a pesar de no haber incidido significativamente en la proclamada política de alcanzar el 1% del PIB destinado a la investigación. El gasto de la UDELAR pasó del 0,6% del PIB en el 2004, al 0,9% del PIB del 2018, en tanto que el gasto de la ANEP pasó del 2,4% al 3,5% en ese mismo periodo, cuando el PIB alcanzó a 57 mil millones.

Ello mostró las prioridades en educación y dentro de ellas centradas en gastos de salarios y en nuevas contrataciones especialmente en la UDELAR. En el gasto educativo, las remuneraciones fue lo que más creció. Mientras en que en la ANEP en el 2004, el rubro de remuneraciones se llevaba el 78,3 % del gasto, en el 2018, alcanzó el 86,97% de un gasto que se multiplicó por 2,75 veces en ese período. El salario docente promedio en la ANEP en promedio en términos reales pasó de 21064 en el 2004 a 37.375 en el 2018, que representó un incremento de 4,5% interanual. En la UDELAR los gastos en remuneraciones corresponden al 81% del presupuesto, en tanto que los gastos de funcionamiento 13% y los de inversiones el 6%. Muchos de estos se financian además con los recursos del Fondo de Solidaridad que pagan los profesionales.  El crecimiento de las remuneraciones durante todo el periodo fue de 163% acumulado como resultado de un incremento anual de 7% en términos reales.  Pero fundamentalmente el presupuesto se distribuyó en profesores de tiempo completo, que alcanzaron a 1200, y donde la mayor parte de las designaciones fueron arregladas en términos políticos, conformando un cuerpo de elites docentes frente a los miles de profesores de tiempos parciales y por hora.

Los niveles de cobertura sin embargo no crecieron en las mismas proporciones ni tampoco los niveles de calidad que se carecen de indicadores. Los indicadores del crecimiento de los egresos en todos los niveles no están correlacionados con estos incrementos de gastos presupuestales públicos.  Si lo vemos en costo por alumno en toda la ANEP se pasó de 35.360 pesos por estudiantes en el 2004 a 92.242 pesos por estudiante en el 2018. 

El debate recién empieza y sin duda que será tenso como siempre son las discusiones del Presupuesto en el actual contexto de restricciones. Sin duda que pensar crecimientos es imposible en el sector de educación que ha sido altamente favorecido, a pesar de que sus resultados han sido todos satisfactorios. Hoy corresponderá comenzar a pensar en focalización del gasto en algunas áreas que no han sido protegidas suficientemente, en mayor eficiencia, en mejores aprendizajes y menores gastos gracias al aumento de intensidad en el uso de tecnologías de comunicación e información, en redistribución del gasto para alcanzar mayores eficiencias y sobre todo en mejores indicadores de medición, monitoreo y evaluación. No todo gasto educativo de por si socialmente eficiente, y la necesidad de un uso eficiente y eficaz de los escasos recursos está en la agenda, y sin duda debería haber estado siempre en la tapa del libro.

 

 

lunes, 17 de agosto de 2020

De la educación terciaria a la universitaria - Eco. Claudio Rama (Dr. ED; Dr. DER.)

La dinámica de la educación superior en Uruguay históricamente, se ha caracterizado por una lógica sistémica fragmentada entre un sector universitario y un sector no universitario que se ha tendido a llamar, meramente terciario. Ello es parte de una separación institucional, académica y laboral que tiene presencia en toda la región. En el caso de Uruguay, se conformo como una estructura relativamente piramidal, donde históricamente la formación profesional tenia rango universitario y además de tipo predominantemente estatal, en tanto que las formaciones consideradas no profesionales orientadas a la formación en los sectores de docencia de nivel medio y magisterial, técnica, de seguridad policial o militar, de deportes, de salud en las áreas de enfermería o de apoyo técnico, así como también las de formación en las áreas culturales, correspondían a un nivel de formación de tipo terciario o incluso de nivel secundario y con mayor incidencia del sector privado. El IPA o las UTU eran sus expresiones junto a muchas otras como las variadas formaciones tradicionales de enfermeras, de los policías, militares, técnicos y deportistas, que tenían niveles de formación más escasos. Esta estructura diferenciada y jerarquizada, fue resultado en Uruguay de una sobrevalorización de la formación profesional de tipo teórica y catedrática sobre las otras formaciones que correspondían a actividades con alta aplicación practica y de conocimientos instrumentales, con una orientación concreta al mundo laboral. Era parte de una visión elitista de la formación universitaria, que separaba actividades supuestamente intelectuales y dirección, frente a actividades prácticas de ejecución. En los últimos años toda la educación superior está en recomposición, expansión y diferenciación, lo cual ha derivado en una tensión entre políticas, sectores e idea. En una de las aristas de esta compleja reforma de la educación superior se asiste a una demanda de universitarización de la formación técnica, de la formación docente, de la formación artística, de la formación física y de la formación policial y militar. Es parte de una reforma de la educación superior en Uruguay que se viene verificando desde la restauración democrática y que se caracteriza por impulsar un proceso de diferenciación institucional con el pasaje de la universidad sistema a un sistema de educación superior con la creación de universidades privadas y de nuevas universidades públicas, y que al tiempo canaliza las demandas de una universitarización de la formación terciaria en las distintas áreas del conocimiento y del trabajo, superando las viejas dicotomías. Se conforma como una elevación de los niveles de formación en las llamadas áreas no profesionales, que eran terciarias o incluso también como elevación de niveles de formación inferiores como la educación técnica, a cargo del Consejo de Educación Técnico Profesional (ex –UTU) y de múltiples instituciones públicas y privadas. Es una transformación global hacia mayores exigencias de formación y que al tiempo es acompañada por un proceso de posgraduarización de la formación de grado profesional universitaria, inicialmente por una exigencia de estudios de posgrado – especializaciones y crecientemente de maestría y que se profundizará también en la exigencia de niveles de formación doctorales para adquirir las competencias y los niveles de calidad y especialización necesarios en el mundo del trabajo. Que florezcan 100 flores Es una transformación está cambiando los niveles de jerarquización al interior del sistema de educación superior, que tiende a pasar desde una jerarquía en los niveles 6 y 5 (universitario y terciario) a una nueva dada por los niveles 7 (maestría) y 6 (grado) dentro de la Clasificación Internacional Normativa de la Educación (CINE). La diferenciación y segmentación de los niveles de formación de las personas comienza a estar dada por los estudios de posgrado frente a estudios de grado, y no entre estudios universitarios frente a estudios terciarios como ha sido tradicional. Esta reconfiguración institucional con la elevación de nivel de las tradicionales ofertas terciarias, técnicas y no profesional se está produciendo a través de muy distintas formas institucionales y organizativas, con distinta intensidad y profundidad, y con variados niveles de conflictos y tensiones. Es un escenario necesario y que debe promoverse. Ella debe implicar a la vez que este proceso no sea en las mismas instituciones ni que las nuevas deban de tener los mismos modelos organizacionales, sino que sea una elevación del nivel de formación que aumente a la vez la diversidad y la diferenciación institucional y pedagógica. Allí está la discusión. Si las instituciones universitarias nuevas (tipo UTEC, Universidad de la Educación o universidades privadas) deben tener el mismo modelo organizacional que la UDELAR o incluso si las nuevas demandas universitarias (enfermeras, diseñadores, actores, deportistas, etc.) deben canalizarse hacia la institución existente. En el largo plazo, no hay duda, el enfoque más conveniente se encierra en la vieja frase de Mao de 1959: “permitir que 100 flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan es la política de promover el progreso en las artes y de las ciencias”. Es crear nuevos caminos que no sólo ayuden a formarse en el nivel universitario, sino a la vez que ello que el país aumente la diversidad de su sistema de educación superior.